Domingo, 11 de agosto de 2013

CÓMO MATAR EL TIEMPO LIBRE CUANDO ESTÁS UN POCO PIRADO

Me disponía a entrar el otro día en la tienda que os comentaba de Ciempozuelos, esa que tiene un 3 en su nombre, cuando de repente algo llamó mi atención: era una pareja que salía de la tienda con una sonrisa de oreja a oreja.

Tendrían unos 40 años, él era alto, moreno, pelo engominado hacia atrás y gafas de sol de una famosa marca italiana. Por su parte, ella era de mediana estatura, vestía un sencillo conjunto de verano y era hermosa, desde el sentido español de hermosa. Que no dista mucho del rumano, pero sí que tiene algunas diferencias en las que no voy a entrar.

Ella llevaba en sus manos una carpeta en la que pude leer la palabra "cocina". No me preguntéis por qué pero sentí la necesidad de arrebatarle aquella carpeta y devorar ávidamente todo el contenido que había en ella. 

Así que les seguí.

Vivían en una gran casa en las afueras, con un precioso pastor alemán y nada que me hiciera pensar que vivieran en ella niños. 

Esperé a que se hiciera de noche y entré en la casa. ¿Cómo? Hay cosas de Dimitri que aún no os he contado. Cosas como mi pasado militar o un año que viví peligrosamente en Moldavia, pero eso es otra historia.

Volver a sentir la emoción de colarme en una cocina de noche hizo que me sintiera 10 años más joven. Tenían una cocina muy bonita aquella pareja. Muy del estilo de esta:

Me quedé en aquella cocina, plantado, lo que me parecieron horas. Disfrutándola, aspirando sus olores, emocionándome con los colores y palpando la suavidad de la encimera. Después de este largo periodo de lapso, me acordé de lo que me había hecho ir hasta allí y busqué la carpeta. 

La encontré y la abrí con emoción. Lo que vi me encantó. Era un plano en 3D de otra cocina. Me vi forzado a sacarle una foto a ese plano:

Era un plano de una cocina para la casa que tenían en la sierra. Todo estaba tan detallado que imaginarse en aquella cocina era extremadamente fácil. De hecho, me imaginé a mi mismo en aquella cocina y me gustó. Apunté la dirección de la casa de la sierra y como ya eran las 5 de la mañana decidí volver a casa a disfrutar en soledad de lo que había visto y experimentado aquella noche.

Esa fue la primera vez que me colé en una cocina en España.

Marga Marga
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